El represetante diplomático de Suecia ya suma 23 mil seguidores en su red social. Después de cinco meses en nuestro país, declara: “Se ve que acá la democracia funciona y que son un país estable, lo que es muy bien visto por nuestros inversionistas”. Por Lenka Carvallo Giadrosic para La Segunda.

Conversación publicada el 18 de enero de 2023.
Cuando en julio de 2022 el nuevo representante de Suecia en Chile, Tomas Wiklund, se presentó en Twitter como el “embajador tuitero”, las redes ardieron. El saludo alcanzó los 30 mil likes y, en el estreno, la cuenta @EmbSueciaChile llegó a los 12 mil seguidores (hoy son 23 mil).
“Fui trending topic y todo”, cuenta el diplomático con un fluido español, hoy convertido en una suerte de celebridad en las redes por su estilo informal, poco común entre los diplomáticos.
“A la gente le gustó mucho mi selfie en el metro yendo a una reunión al Ministerio de Relaciones Exteriores (16.5k). Creo que los sorprendió. También cuando fui a almorzar al Mercado Central (10.4k) y para mi saludo por Fiestas Patrias” (dice sobre el tuit donde apareció con una empanada en una mano y un mote con huesillo en la otra, que le valió 11 mil likes). “También cuando he hablado de DD.HH. El 11 de septiembre, por ejemplo, rendí un homenaje a mi antecesor, Harald Edelstam, por su coraje y defensa de la democracia, quien durante la dictadura salvó centenares de vidas y abrió las puertas de mi país a mil exiliados (12k)”, agrega.
Cuenta Wiklund que nunca se sintió especialmente atraído por las redes sociales. El interés, confiesa, fue impulsado por el gobierno sueco, como parte de una tendencia mundial: la “twiplomacia”.
“Ha sido una muy buena forma para romper con la imagen del diplomático lejano y reflejar igualdad y transparencia, valores que nos interesa transmitir. También ha sido muy útil para que los chilenos conozcan más de Suecia y nuestra relación con Chile”.
—¿No es arriesgado utilizar un estilo de comunicación tan espontáneo?
—Puede que suceda alguna metida de pata, como dicen en Chile, pero tengo apoyo del ministerio (de Relaciones Exteriores) en Suecia. Además que en este intercambio he aprendido más de la sociedad chilena. Ha sido muy enriquecedor y vamos a seguir así. Me gusta.
“Antes de 1970, los chilenos que vivían en mi país eran menos de 100, pero con la dictadura llegaron casi 30 mil personas y hoy son el doble, incluyendo sus descendientes”.
Tomas Wiklund llegó a Chile hace cinco meses, junto a su mujer colombiana, Mónica, y dos de sus hijos: Vera (17) y Magnus (13). “El mayor, Baltazar (19), estudia antropología en la Universidad de Amsterdam.
Criado en Täby, en las afueras de Estocolmo, Wiklund es el menor de tres hermanos, hijos de un padre ingeniero civil y una madre profesora. “En mi familia son muy religiosos; de niños nos llevaban a la iglesia protestante, donde transcurría una buena parte de nuestra vida social. Hoy todos siguen viviendo en ese mismo lugar. Mi sueño, en cambio, siempre fue explorar el mundo”.
Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Uppsala y Derecho en la Universidad de Estocolmo. “En paralelo entré a trabajar en Amnistía, que fue mi entrada a los DD.HH. y al trabajo internacional. Luego me fui a un intercambio a la Universidad de Barcelona, donde aprendí a hablar español. De ahí partí a Colombia para trabajar en la Unicef y conocí a mi señora, que es de Cartagena de Indias. Nos enamoramos y nos fuimos a Suecia, donde comenzó mi carrera diplomática. Luego partimos a Etiopía, donde fui segundo secretario de la embajada. Estuvimos en Pekín y luego en Nueva York por cuatro años, como consejero de la delegación sueca de la ONU. Mi primer cargo como embajador fue en Cuba y ahora en Chile, que me ha encantado”.
Suspira: “Nuestra relación es excelente; tenemos más similitudes de lo que se cree, por ejemplo, en cuanto a la posición geográfica, en cada extremo del planeta. También hay similitudes en el carácter. Veo a los chilenos como los nórdicos de América Latina”.
—¿Lo dice en serio?
—Bueno, comparados con los caribeños. Además, tenemos economías muy parecidas, basadas en materias primas, particularmente en los sectores minero y forestal, que en Suecia han sido la base de nuestro desarrollo económico y nuestras industrias más importantes. También nos unen valores sociales, como la democracia, los DD.HH., la igualdad de género y la sostenibilidad.
Wiklund también se refiere a un “puente invisible”: la potente comunidad de chilenos radicados en Suecia. “Es impresionante: antes de 1970, los chilenos que vivían en mi país eran menos de 100, pero con la dictadura llegaron casi 30 mil personas y hoy es el doble, incluyendo a sus descendientes”, afirma por lo que hoy representa la mayor comunidad de chilenos en el exterior.
En los pasillos de la legación diplomática, en un edificio en la comuna de Providencia, destaca el retrato de Harald Edelstam, el embajador que dejó huella al salvar a centenares de personas de las fuerzas represivas de Pinochet, quien lo expulsó del país, declarándolo persona non grata.
“Acá en la embajada preservamos todos sus informes; los he estado leyendo y el intercambio con Estocolmo era intenso. Fue un hombre con un coraje civil muy importante, pero quiero resaltar que lo hizo para defender los DD.HH., no porque fuera de izquierda, como suelen decir acá. Cuando fue diplomático en Noruega durante el régimen nazi, ayudó a cientos de judíos”.
—Hace poco fue al Estadio Nacional, al memorial de los detenidos desaparecidos y se fotografió junto a una imagen de Edelstam.
—Fue bien impactante caminar por ahí, junto a un guía que nos iba explicando la historia. También saber lo que hizo Edelstam, que fue muchas veces para tratar de ayudar a los detenidos. Los DD.HH. no son un asunto de derecha o izquierda, son universales, por lo tanto siempre hay que promoverlos.
«Chile es un país con recursos estratégicos; con como cobre, litio e hidrógeno verde, centrales para la transformación económica mundial. Si vas a invertir en un país, prefieres que sea uno estable, democrático y con recursos».
El diplomático, quien representa a una administración de centroderecha, llegó en un momento clave, con una coalición de izquierda en La Moneda liderada por el mandatario más joven del mundo.
—En estos cinco meses, también ha sido testigo del proceso constitucional, ¿cómo lo evalúa?
—Se ve que en Chile la democracia funciona. Cuando fue el referéndum (dice por el plebiscito del 4 de septiembre) aceptaron el resultado enseguida, sin discusión; se sentaron en una misma mesa para seguir adelante y acordaron un nuevo proceso. Es una señal muy buena de que la democracia aquí funciona, que son un país estable, lo que es visto con muy buenos ojos por nuestros inversionistas.
Wiklund toma un poco de café, que en su país se estila muy negro.
“Un país con recursos estratégicos, centrales para la transformación económica mundial, con cobre, litio e hidrógeno verde. Si vas a invertir en un país, prefieres que sea uno estable, democrático y con recursos. Por supuesto que con la inflación la situación para los chilenos y chilenas es difícil, pero tienen un futuro próspero y las empresas suecas ven muchas posibilidades para invertir. En lo minero, por ejemplo, el intercambio representa casi la mitad de nuestra relación económica. También estamos muy presentes en transportes, telecomunicaciones (Ericsson), forestal y comercial. No es ninguna coincidencia que Ikea eligiera a Chile para poner su primera tienda en el continente, una empresa que hoy entrega 1.500 empleos directos”.
—Hace poco desde la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio (Amcham), declararon su preocupación por el aumento de los delitos violentos y advirtieron que puede desincentivar las inversiones.
—El crimen organizado es un desafío también en Suecia, donde los delitos han aumentado. Aunque Chile, comparado con la región, todavía es seguro. Ahora, si la tendencia empeora, es para preocuparse, pero hasta ahora las empresas de mi país no me han dicho nada, no ha sido un tema.
Y continúa: “Ahora nuestra prioridad está puesta en la competitividad y la cola- boración. A través de la Unión Europea (UE), tenemos un acuerdo de asociación e interés mutuo donde más del 99% de los productos de la UE y de Chile serán libres de impuestos, lo que estimulará nuestro intercambio. Otra prioridad es la transición verde y Chile tiene una posición estratégica a nivel mundial, por su geografía y recursos. Entonces, no veo cómo Chile no vaya a tener un futuro próspero, lo tienen todo”.
—¿Percibe la misma conciencia entre los actores chilenos?
—Sólo llevo cinco meses y el debate me parece muy oscuro, negativo a veces; tal vez sea la naturaleza humana que hace más hincapié en los problemas que en los desafíos. Pero en un sobrevuelo de “helicóptero”, Chile claramente tiene muchas oportunidades.
—Suecia es uno de los tres países más igualitarios de la OCDE, a difererencia de Chile que se ubica en los últimos puestos. ¿Cómo percibe este contraste?
—No puedo dar ninguna receta, es muy difícil. Aunque buscar inspiración siempre es muy bueno. El desarrollo de Suecia comenzó a mediados del siglo XIX, cuando éramos uno de los países más pobres de Europa. Cien años después, pasamos a ser uno de los más ricos, gracias a políticas que facilitaron el desarrollo de nuestras industrias, como el libre comercio, el sistema bancario, pero también la educación escolar obligatoria, que viene desde 1842. Es interesante porque la igualdad tiene una tradición larga en Suecia. Hay estudios que muestran que la igualdad ha ayudado al contrato social, al cual todo el mundo le tiene confianza, lo que ha sido un componente importante que ha ayudado al estado de bienestar.
—¿Cuánto pagan de impuestos los suecos?
—Estamos entre los tres países que más pagan: el 41% y en Chile creo que es el 20% o menos. Ahora tenemos un gobierno de derecha, pero el modelo sueco ha permanecido intacto.
—¿La gente no reclama?
—Sí, es un tema, por supuesto, pero en general apoyan al sistema porque ven que reciben mucho a cambio, como educación, salud gratuita y una buena jubilación. A eso me refiero cuando hablo de contrato social.