La embajadora del Reino de Marruecos en Chile desafió los tabúes de la férrea cultura patriarcal de su país, las diferencias de género y logró cambiar su propio destino y hacerse feminista. Lingüista, antropóloga, exsindicalista y exparlamentaria, la representante diplomática con más poder y redes políticas en Chile según quienes la conocen, cuenta su historia como una mujer nacida en un pueblo semi rural en las afueras del país africano, que se casó a los 15 años y que negoció su dote para poder estudiar. Nunca he sentido vergüenza de exigir mis derechos, dice.
Por Lenka Carvallo Giadrosic para Sábado.
Foto: Cristian Carvallo, gentileza de El Mercurio.
Al momento de esta entrevista, la embajadora del Reino de Marruecos, Kenza El Ghali, se encuentra en Fez de vacaciones, intentando descansar luego de un año intenso. Mientras habla con su español de marcado acento árabe y se acomoda el hiyab, aparecen en escena sus nietos, Amir y Kenza, unos mellizos inquietos de cuatro años y grandes ojos marrones.
«Los estoy cuidando porque mi hija, que tiene una pequeña compañía de seguros, se fue con unas amigas a Montpellier. Mis hijos hombres están enojados porque no entienden cómo dejó solos a sus niños, pero les digo que están conmigo y que yo también viajaba cuando ellos eran chicos. ‘Es que tu caso es distinto -contestan-, porque te ibas para estudiar, en cambio ella va a pasarlo bien…’. Ahí está el machismo del hombre marroquí», suspira esta declarada feminista, filóloga, escritora y la embajadora con más tiempo en nuestro país: ocho años, lo que le ha dado el estatus de decana del cuerpo diplomático.
-¿Cómo es reencontrarse con su país?
-Es una emoción especial. Acá tengo a mi familia, mi casa. Veo a mis hijos, a mis hermanas y hermanos; cada uno vive en una distinta ciudad. Y mi mamá está en el norte, en la provincia de Taunat, y he aprovechado de verla… Vivo suplicando para que no me pase lo mismo que con mi papá, que murió el año pasado cuando yo estaba en Chile (se emociona). Dejó un enorme vacío; fui a la casa y sus babuchas siguen en la puerta. Eso duele.
-¿Qué edad tiene su mamá?
-Cumplió 78 años. En Chile me dicen que es joven, pero es una mujer que tuvo 11 hijos, de los cuales cinco fallecieron y debió criarnos sola porque mi papá era militar y casi siempre estaba fuera. Entonces, a los 40 años ya estaba cansada. Hoy en mi familia nos dedicamos a mimarla y dos de mis hermanos viven con ella. Acá a nadie se le ocurriría dejar a sus padres en un hogar de ancianos. Qué vergüenza para una familia tener padres mayores y que no haya nadie que los cuide. Aunque sean familias muy pobres, en su casa el anciano convive con el gato, los nietos entran y salen, huele el humo del hogar. Es una condición sine qua non nunca dejar solos a tus padres.
Kenza El Ghali nació en Oujda, una ciudad en el este de Marruecos, y vivió su adolescencia en la provincia de Taunat, en un pueblo semi rural donde pesaban rígidas tradiciones culturales. «A fines de los ’70 y principios de los ’80, las chicas se casaban muy jóvenes, sobre todo en la clase media y media baja, para quienes el mejor destino era el matrimonio. Mi marido, Nfissi Mohammed, era profesor en mi escuela y un conocido de mis padres a quienes visitaba de vez en cuando, pero yo apenas lo notaba porque estaba ocupada jugando a la pelota con los otros niños y niñas del barrio».
Un viernes lluvioso de invierno, cuenta Kenza, regresaba del colegio con un paraguas que le acababa de regalar su papá. «El profesor se acercó y me dijo: ¿puedo acompañarla? y le dije que sí. Mientras caminábamos, me pregunta: ‘¿Quieres casarte?’ ¿Con quién?, dije yo, porque si bien era una niña de 15 años, ya habían ido varias veces a mi casa a pedir mi mano y siempre decía que no porque quería estudiar. Mi mamá estaba enloquecida, porque tengo tres hermanas menores a las que también quería casar. Estamos hablando de que allá las niñas se desposaban a los 12 o 13 años y a los 19 ya eras una solterona… Así que le pregunté al profesor: ¿y me dejas estudiar? Él dijo que sí, por lo que acepté. Luego él habló con mi papá. Yo ni siquiera sabía su nombre completo porque en el instituto todo el mundo lo conocía como ‘el profesor’. Para mí fue una manera de escapar de la presión».
Kenza bebe un poco de té verde con menta, la clásica infusión marroquí, y prosigue: «Luego de un mes, mi futuro marido me dijo que tenía una condición: ‘no soy un hombre rico y la dote que tengo para darte es para que estudies o bien para que hagas la fiesta… En aquel momento las celebraciones duraban una semana, para que todo el mundo se enterara de que fulana se había casado. Tuve que convencer a mi familia, porque si la mujer se casaba sin fiesta era una deshonra y empezaban las especulaciones: que perdió la virginidad, que está escondiendo algo, etc. Un día, al volver de la escuela, mi mamá estaba haciendo sus cositas en la pequeña cocina que teníamos y le digo: ‘mamá, voy a casarme pero no me voy a casar…’. ‘¿Cómo que te casas y no te vas a casar, Kenza?’, me contesta. ‘Porque no va a haber fiesta…’. La pobre casi se desmayó, gritaba: ‘¡Qué vergüenza, qué insulto!’. Empezó a llorar: ‘¡Qué deshonor, qué les voy a decir a las vecinas, a tus tíos!’. Luego me fui a mi clase de deporte y, cuando regresé, todos estaban en mi contra; sentí un gran dolor, un rechazo total, pero era mi decisión. Cuando vino el notario musulmán con el acta de matrimonio, casi fue un funeral. Hubo una cena y, terminada la noche, me fui con mi cartapacio de alumna y algunas cositas, cuando allá las recién casadas se iban con ajuar, joyas y yo sin nada. Pero me daba igual porque quería estudiar».

Para seguir la educación secundaria, Kenza entró en un internado de niñas en Fez. «A él le decían que estaba loco dejando a una niña, igual guapa, que se fuera a otra ciudad a estudiar. Y a mis padres les decían: ‘cómo tienen a una hija que deja al esposo solo, qué vergüenza de matrimonio'».
Kenza, quien fue la primera generación de ambas ramas familiares que terminó el colegio, finalizó la secundaria en 1986 y se graduó como licenciada en Literatura Hispánica. «El Rey Hassan II, padre del actual rey Mohammed VI, recibió a los mejores estudiantes de todas las disciplinas y yo fui la única mujer de toda nuestra región en tener ese privilegio».
Hace una pausa y relata: «En la zona semirrural donde yo vivía la tasa de analfabetismo era muy alta; cuando las mujeres recibían cartas de sus maridos debían acudir a la profesora del barrio, al imán de la mezquita o a algún vecino para que se las leyera. Los secretos de la familia quedaban expuestos y en el pueblo todos sabían lo que pasaba… Así partí un proyecto de alfabetización en el garaje de mi casa junto a un grupo de amigas y de profesoras. Luego una ONG nos apoyó y en siete años logramos educar a 8.000 mujeres», relata con orgullo.
En el 2004 y con cuatro hijos, Kenza El Ghali presentó su tesis doctoral en socioantropología para especializarse en mujeres migrantes, en un programa dirigido por la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Rabat.
-¿Cómo llegó a la política?
-Me cuestionaba por qué las mujeres no ingresaban a los partidos ni tenían cargos. Mi esposo -que fue alcalde en la ciudad de Rhafsai, al norte de Taunat- estaba en el comité central del Partido de la Independencia y hacían sus reuniones en mi casa. Yo me instalaba en un taburete en la puerta, para escuchar lo que hablaban. Le preguntaba a mi marido por qué no había mujeres y me decía: quién va a querer venir aquí de noche, dejando a sus hijos solos. Eso me daba rabia. Después me hice militante y lo apoyaba en las elecciones; iba a los pueblos y la gente me conocía, así que también decidí presentarme en las elecciones para el comité central del partido, pero no podía haber dos candidatos en una misma casa, así que él tuvo que retirarse y me postulé yo. Nunca he sentido vergüenza de exigir mis derechos. Quedé electa en la junta directiva del partido y luego fui vicealcaldesa de Fez».
Kenza El Ghali cuenta que desde que en 1999 llegó al trono Mohammed VI, la situación para las mujeres ha evolucionado. «Tenemos un rey muy amigo de la cuestión femenina. Cuando asumió, de inmediato reformó el Código de la Familia. Antes la esposa y los hijos estaban bajo la tutela del hombre y él era el dueño de todo. Existía el divorcio pero también había el ‘repudio’, donde sin importar la razón el marido ‘botaba’ a la mujer y se quedaba con la tutela de los hijos y con todo. Ahora, si hay un divorcio, la mujer conserva la casa y, si existen hijos, el esposo tiene que darle la dieta. Cuando hay que repartir una herencia, la casa del matrimonio no se toca mientras la habite ella con sus hijos».
Kenza El Ghali se emociona: «Gracias a su majestad el rey pude ser diputada y embajadora con las cuotas electorales. Ahora el rey señaló que ningún consejo municipal, regional o del Congreso, es válido si es que no cuenta con un tercio de mujeres. El año pasado se cumplieron 25 años desde que llegó al trono, por lo que se hizo una gran consulta pública y salieron 16 puntos muy importantes a favor de las mujeres».
Hoy se habla de Kenza El Ghali como la embajadora con más poder político en Chile y «la favorita de la élite local», tal como tituló el diario La Segunda en una nota sobre ella. «Eso de ser la más poderosa o la más influyente no es verdad. Lo que pasa es que llevo ocho años en Chile y conozco más del mundo de la política; muchos son mis amigos y agradezco sus elogios».
Inauguró la Semana Marroquí en el Centro Cultural La Moneda, con una convocatoria de alto nivel político, y a fines de diciembre consiguió llevar una comitiva de 40 personas a Rabat (entre ellos cuatro ministros de Estado) para la primera versión del Congreso Futuro fuera de Chile.
-Este encuentro lo organizó el Congreso de Chile y ellos se encargaron de invitar a los ministros. Nosotros hicimos lo propio con las autoridades marroquíes y ha sido un honor para nosotros que se encuentren. Veníamos trabajando en este proyecto desde hace tres años con la fundación de Guido Girardi, pero se pospuso por la pandemia. En un titular salió que éramos una agencia de viajes, pero lo nuestro no se compara con otros países que no voy a mencionar por respeto a la diplomacia… Me pareció exagerado.
El Ghali es escritora, traductora y doctora en lengua y civilización españolas de la Universidad Mohammed V de Rabat. Cuando llegó a Chile comenzó a traducir al árabe Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada , de Pablo Neruda, y el año pasado comenzó a trabajar en Desolación de Gabriela Mistral. «Ahora voy en un 30% e intento llegar al 50% para celebrar los 80 años del Nobel (diciembre 2025). Pienso hacerle un homenaje con el cuerpo diplomático en Vicuña, el lugar donde nació. Y también vamos a inaugurar la cátedra Gabriela Mistral en Marruecos».
Suspira: «Qué mujer tan profunda, qué océano. Fui a los lugares donde nació y creció, a la parte donde se encuentra sepultada su mamá y donde estuvo en Punta Arenas de maestra… Cómo no enamorarme de la magia de esta mujer, la primera de los países del sur en obtener el Premio Nobel. Qué honor poder estudiarla y seguir sus pasos, sus pensamientos. Aunque no ha sido fácil la traducción; puedo estar tres o cuatro días intentando con un solo verso. A veces estoy peinándome ante el espejo y digo: por Dios Gabriela, qué quisiste decir con esto; mi marido me escucha y me pregunta: ¿con quién estás hablando? ¡Con Gabriela!, le contesto. El pobre debe pensar que perdí la cabeza».
Hoy, Kenza El Ghali escribe un libro sobre su historia en Chile. «Por el convenio de Viena no puedo publicarlo ahora, pero lo tengo casi listo. Ahí cuento desde el día que llegué con la Presidenta Bachelet junto a las feministas de mi país. Después con el Presidente Piñera, y ahora con el Presidente Gabriel Boric. De verdad digo que mi libro será un testimonio vivo de la agradable experiencia en Chile, un país que viví y disfruté».

