El exembajador en Francia en el segundo mandato de Michelle Bachelet ha apoyado activamente el proyecto para que los condenados mayores de 80 años y con enfermedades terminales puedan cumplir su pena fuera de la cárcel, incluyendo violadores de DD.HH. “El deber de la política es luchar por la dignidad de todos, no solo de los míos”, sostiene el arquitecto y exmilitante PC, cuyo nombre integra el Informe Valech. A nueve años de las acusaciones de abuso sexual que terminaron con su renuncia diplomática y su salida de la política partidaria, en el 2019 fue sobreseído y declarado inocente: “Esto fue un montaje muy bien dirigido desde la Fundación para la Confianza”.
Revista del Sábado | LENKA CARVALLO GIADROSIC | 18 de Octubre de 2025
Fotos: Sergio Alfonso López.
En pleno living de la casa de Patricio Hales Dib, en La Reina, hay un gran piano. El exparlamentario lleva 4 años recibiendo clases dos veces por semana para tranquilizar su espíritu y seguir aprendiendo cosas nuevas a sus 79 años. En el muro de fondo, junto al comedor, hay un croquis de amplias dimensiones con la Cúpula de Los Inválidos, visto desde la otra orilla del Sena. “Lo dibujé yo mismo; es uno de los paisajes que más me gustaba cuando iba caminando a la embajada”, afirma el arquitecto sobre su vida en el barrio de Gros-Caillou / École Militaire, uno de los más distinguidos de París, donde se encuentra la sede diplomática de Chile en Francia. En este lugar, Hales habitó hasta mediados de 2016, cuando su vida y la de su mujer se trastocó para siempre, luego de que una extrabajadora de la embajada lo acusara de acoso laboral e insinuaciones sexuales. En 2017, una antigua empleada de su casa La Reina lo denunció directamente de abuso sexual, caso que fue llevado a la justicia y que fue respaldada por otras seis testigos de contexto, entre ellas la hija menor de su mujer, María de los Ángeles Swinburn. Hales fue declarado inocente en 2019 en dos instancias judiciales, tema al que se referirá más adelante.
“He dejado la vida partidaria, pero no la política”, señala ahora el arquitecto, quien es hijo de la exfigura del Partido Demócrata Cristiano Alejando Hales, quien fuera ministro de Carlos Ibáñez, Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin. Fue con él que conoció La Moneda a los seis años. “He seguido haciendo política, pero de otra manera, que es la que me gusta. Para el primer proceso constituyente, formé un club de diálogo donde promoví el voto del Rechazo. Y presido una organización que se llama Polística, sobre la polis y la política, que dialoga con académicos y organizaciones sociales para mejorar las ciudades. Además, publico columnas en la prensa”.
Hoy Hales está jugado por otra causa: la conmutación de pena a los presos de tercera edad mayores de 80 años con enfermedades terminales, que el pasado martes 7 de octubre fue aprobado de forma unánime por la comisión de Justicia y DD.HH. del Senado y ahora está a la espera de ser puesto en la agenda legislativa. La iniciativa beneficiaría a reos por delitos comunes y de lesa humanidad para que cumplan sus condenas en sus domicilios. El proyecto fue liderado por el senador de RN Francisco Chahuán, inspirado en una antigua propuesta de Hales en 2004, junto a los exparlamentarios Jorge Burgos (DC) y Juan Bustos (PS). “Pero nunca lo pusieron en tabla y terminó en la basura”, cuenta.
El tema saca ronchas en sectores de la izquierda y en las derechas. Entre los primeros, porque la iniciativa —dirigida a los cerca de 1.700 presos en condiciones terminales de todo el país— beneficiaría también a reos procesados por violaciones a los derechos humanos. En tanto que en sectores de la extrema derecha consideran que quienes se encuentran tras las rejas por delitos comunes deben cumplir sus sentencias sin excepciones. El proyecto también incomoda a la centroderecha, donde se planteó posponer la discusión hasta después de las elecciones presidenciales para no exponer las diferencias entre las bases de apoyo de Evelyn Matthei. A esto se suma el senador de Demócratas Matías Walker, quien presentó en la comisión de DD.HH. una indicación sustitutiva para reemplazar completamente el proyecto, argumentando que podrían generarse situaciones de impunidad para aquellos presos procesados por delitos graves, sean comunes o de DD.HH. Esta semana, el exlíder de la Vicaría de la Solidaridad Luciano Fouillioux señaló que los condenados por lesa humanidad primero deben decir dónde dejaron a las víctimas. “No se puede entregar un privilegio sin que exista una contribución a las miles y miles de personas que siguen buscando”, dijo en una entrevista.
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Exmilitante del PC durante 22 años, en 1982 fue el primer vocero público del partido cuando este había sido declarado ilegal. “Estaba orgulloso, pero también sentía miedo; me amenazaban con poner una bomba a mis niños. Una de las veces en que fui detenido, un interrogador me describió con detalles el dormitorio de mis hijos Teresita y Antonio. Estuve incomunicado, a oscuras , en la galería 12 de la Penitenciaría, donde tenían en celdas a los del FPMR, comiendo de un balde, sin derecho a lavarme, defecando ante un guardia armado y sacado a interrogatorios. Y también pasé por la cárcel de San Miguel, Capuchinos y un calabozo de Investigaciones en General Mackenna”.
Aun así, a Hales le cuesta identificarse en el listado de víctimas del Informe Valech. “Mi pasado es insignificante comparado con las 28 mil personas que están en ese documento”.
—¿Por qué entonces promueve desde hace tanto tiempo un proyecto que también pretende conmutar la pena a los violadores de DD.HH. mayores de 80 años?
—El deber de la política es luchar por los más pobres, por la desigualdad, la libertad y por la dignidad de todos, no solo de los míos. Y lo que aquí me inspira es que el preso viva con dignidad su privación de la libertad, no agregarle indignidad a su condena aplicando castigo sobre castigo…
Toma un poco de aire y mirando fijo admite:
—¡Pero me cuesta! Porque estoy luchando para que tengan un beneficio carcelario algunas de las personas que torturaron y mataron a mis amigos, a los que me formaron políticamente en el PC; gente con la que establecí gran amistad y respeto, como Fernando Ortiz, Víctor Díaz, Checho Weibel, Lolo Vizcarra, José Manuel Parada, Manuel Guerrero. ¡Por supuesto que es duro! Pero luchar por la dignidad también requiere hacer cosas que a uno le duelan.
No es lo único que aflige al exparlamentario. “Le tengo un gran cariño al Ejército porque ahí me formé desde los 15 años, en la Escuela Militar. También soy reservista (en 2002 recibió la medalla de reservista distinguido). Y al apoyar este proyecto siento que voy a beneficiar a los que fueron traidores al juramento de la Patria”.
Relata:
“En agosto fue condenado a 12 años un compañero mío de la 3ª Compañía: Eduardo Iturriaga Neumann (por el secuestro calificado del estudiante Vicente Israel García Ramírez, detenido desaparecido). Él fue un comandante de excepción y líder mío, y como él hay tantos que se portaron muy mal y deshonraron a la institución. Pero aunque me cueste, si yo soy de izquierda y aprendí a luchar por la dignidad del ser humano, esta tiene que ser para todos, no solo para los míos”.
—¿Esto no significa perdón, como temen algunos?
—¡De ninguna manera! Significa luchar por la dignidad, incluso de los que violaron los DD.HH…
—¿Por qué estarían en condiciones indignas aquellos octogenarios que cumplen condena en Punta Peuco, por ejemplo?
—Porque hay gente que está en muy malas condiciones de salud. No soy yo el especialista, pero he hablado con médicos, con el cardenal Chomalí, como también con los abogados de DD.HH. Héctor Salazar y Nelson Caucoto, sobre la situación horrorosa de gente que está muy mal, con alzhéimer, con condiciones mentales, físicas y de movilidad. Eso no pasa solo con los presos políticos por derechos humanos, sino también con los 1.700 que se encuentran en otras cárceles y que están en condiciones peores que los de Punta Peuco. Ahora, no estoy de acuerdo con el proyecto de Chahuán al 100%.
—¿En qué, por ejemplo?
—Precisamente porque en el artículo segundo se propone el perdón y eso no es lo que estoy planteando, sino que se continúe con los juicios y se intente llegar a la verdad porque se ha mentido mucho. También estoy porque las condenas sean efectivas. Y que el cumplimiento alternativo no se aplique de manera automática, sino que lo determine un consejo adecuado y se le plantee a un juez.
—Usted dice que este proyecto es bueno para el país. ¿Por qué lo piensa?
—Sería un hecho histórico; el país se vería de otra manera, como una nación que castiga de manera digna.
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Patricio Hales cuenta por qué entró a militar en el PC. “Pese a que estudié en los Padres Franceses, caí deslumbrado por el sueño de terminar con la pobreza”. Una historia que relató en su libro Mi encandilamiento comunista, publicado en el 2021. Ahora resume: “Me ilusioné, me desilusioné y me divorcié”. El fulgor se fue apagando por la falta de democracia interna y por la resistencia del PC a inscribirse en los registros electorales para el plebiscito de 1988. Entonces, el arquitecto encabezó la disidencia y en 1990 se inscribió en el PPD, donde fue diputado por cuatro períodos consecutivos.
—¿Cómo ve la política hoy?
—Muy degradada. Y los de la Concertación tenemos una gran responsabilidad; creíamos que, para que la transición fuese exitosa, no tenía que existir discusión y se formó una generación sin debate político, que empezó a expresarse con el exabrupto. Que no nos extrañe la violencia ni el estallido social. Más allá de los males sociales —que los hay, aunque son menos que antes—, es el tapón que le pusimos a esta generación por entender mal la transición. Cuando aparecen las primeras formas más fuertes de expresión, con la gente feliz saliendo a la calle, esto es aprovechado por la horda, entre ellos el PC, que cree ver en eso una salida insurreccional.
—Hoy Jeannette Jara enfrenta una fuerte división interna en su partido. ¿Qué análisis hace como exmilitante?
—Lautaro Carmona apoya a la candidata Jara con mucha convicción, pero tiene muy claro que su tarea principal es proteger al partido. Me lo imagino diciendo: “Si la dictadura de Pinochet no fue capaz de destruir nuestra línea política en 17 años, no será una candidatura de última hora la que debilite la fortaleza histórica del PC”.
Y sobre Jara, declara: “Creo que lo está haciendo muy bien, pero voy a votar en blanco. Si ella gana, no tiembla la democracia, pero viene un terremoto en el Partido Comunista. Pero como no va a ganar, los guardianes del arca de la Alianza, que cuidan al partido y siguen el leninismo, tendrán el poder de llamar a la insurrección contra Kast. Entonces aquí habría dos ingobernabilidades evidentes: si gana Jara o si gana Kast”.
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El entusiasmo de Hales se ensombrece cuando surge el que ha sido su episodio más difícil. En la biblioteca, la misma donde su hijastra menor acusó actos de connotación sexual durante su adolescencia, en una de las repisas hay una serie de carpetas dedicadas a su defensa. Todo comenzó en 2016, con la acusación de una empleada de la embajada chilena en Francia, la masoterapeuta Carolina Cosmelli, por acoso laboral e insinuaciones sexuales, lo que dio inicio a un sumario por parte de la Cancillería. El caso se filtró desde el mismo gobierno y Hales renunció a su cargo de embajador, alegando que la investigación se había convertido en un espectáculo. A fines de 2017, fue denunciado de abuso sexual por una exempleada de su casa en La Reina, María Eugenia Soto. La imputación fue respaldada por seis testigos de contexto, entre ellos su hijastra, Elisa García-Huidobro, cuyos relatos fueron publicados por la Revista Sábado en 2017. El caso fue investigado por la Fiscalía Metropolitana Oriente, pero Hales no llegó a ser formalizado.
En abril de 2019, el 4º Juzgado de Garantía de Santiago lo sobreseyó “de manera definitiva y total por la prescripción de la acción penal, en relación al delito de abuso sexual”. Un mes después, en mayo de 2019, la Corte de Apelaciones confirmó la sentencia, por 3 votos contra 0, y ordenó modificar el sobreseimiento de prescripción del Código Procesal Penal por la letra b): “cuando apareciere claramente establecida la inocencia del imputado”, calificando las denuncias de “meros dichos”.
“Nunca pudieron establecer nada en mi contra. Cuando me sobreseyeron por prescripción en el Juzgado de Garantía, rechacé el fallo y decidí llevar el caso a la Corte de Apelaciones porque eran denuncias falsas y quería defenderme. Mi abogado me advirtió que el clima social estaba muy malo y que los jueces estaban presionados con el tema del feminismo. Pero le dije que fuéramos igual para terminar con esto”.
—Pero hubo un informe realizado por una perito de la PDI que dijo que los entrevistados daban cuenta de una “personalidad que agrede, insulta, humilla y denosta familiares y empleados de forma permanente, además de un comportamiento inadecuado y lascivo con mujeres y niños”.
—La detective realizó un informe a modo acusatorio cuando ese no era su papel; su deber era entregarlo al fiscal, pero se filtró a la prensa. Ahí nosotros reclamamos al tribunal y a la fiscalía, por lo que la sacaron de la investigación. Pero quiero dejar claro que el informe no constituye un antecedente judicial ni significa que los hechos estuviesen acreditados; de hecho, la Corte, en el punto 9 de la resolución, afirmó: “Se tiene únicamente la existencia de meros dichos”. Esto fue un montaje muy bien dirigido desde la Fundación Para la Confianza”.
—¿A qué se refiere, concretamente?
—Juan Pablo Hermosilla (director de la fundación) se contactó con Cosmelli —quien retiró su denuncia a las tres semanas de iniciado el sumario— y ella le contó de mis hijastros y la difícil relación que tenían con su madre. Ahí él me llama; creí que era para ayudarme, pero con esa voz mesiánica que tiene, como una especie de líder evangélico, me dice: “Mira, Pato, nosotros siempre hemos tenido (denunciados) a artistas, a gente de la televisión, del teatro, intelectuales, curas… Y nos ha ido muy bien desde que estamos en esto, incluso hemos recuperado nuestro financiamiento, que estaba en el suelo. Ahora todo el mundo confía en nosotros. Pero ¿sabes qué?, nunca hemos tenido un político…”. Ahí le digo: “Y yo qué tengo que ver, si aquí hay un sumario que se va a caer tranquilamente…”. Entonces me cuenta: “Pero está la Quena, que fue empleada de confianza tuya, que dice que tú en broma una vez la empujaste en el dormitorio y que ella cayó sobre la cama y se habría asustado…”. Pero repliqué: “Y si eso fue así, ¿por qué siguió trabajando otros seis años más con nosotros?”.
—Y esto que pasó con la empleada, ¿admite que sucedió?
—Sí, es cierto. No estoy diciendo que fuera correcto y es una conducta que ya no existe, pero está mal… Pero había una buena relación con ella, de hecho, nos siguió llamando cuando nos fuimos a París.
Retoma lo de Hermosilla:
—Ahí le pregunté: pero cuáles son esas víctimas, y me contesta algo que no se me olvidó nunca: “Vamos a encontrar 12 mujeres”. Eso es lo mismo que le dijo al cura Berríos…
—Luego de la segunda denuncia, fue expulsado del PPD. ¿El mundo político le dio la espalda?
—No solo eso, hubo políticos que abusaron del drama familiar de mi mujer y lo usaron en mi contra. Les molestaba que mi rol en la embajada fuera exitoso y que Bachelet me enviara felicitaciones y veían que podía ser una figura para la senatorial del 2017 o futuro ministro o con un cargo importante. La política es así y la primera rivalidad se da entre los propios. Había gente que me la tenía jurada porque no soy un tipo fácil, con un carácter vehemente, fuerte, irónico, que no pertenece a ninguna tribu ni a las cofradías que se apoyan entre sí. Nadie de la derecha me atacó, en cambio, a unos pocos de los más cercanos, que son quienes recibieron mis ironías, se les hizo más fácil hacerse eco de las mentiras y agredirme. Yo me aislé mucho, he sido un político solitario, en el Partido Comunista fue lo mismo. Siempre desprecié estas amistades por conveniencia o eso de juntarse a comer con quien no quieres comer, lo que los políticos hacen tanto. Esos son defectos no solo de conducta, sino que de carácter. Aunque también hubo gente de la izquierda y del propio PPD que estuvieron conmigo.
—Tiene que haber sido doloroso todo esto…
—Mucho, porque una cosa es que peleen conmigo de frente, directo, como lo he hecho toda mi vida, a que se sumen a una cosa tan sucia como era algo que le estaba causando tanto dolor a mi mujer, como su conflicto con los hijos.
—¿Cómo se portó Michelle Bachelet después de las acusaciones?
—Como ha sido siempre en estos casos: elude.
Y relata:
Ella viajó a Francia cuando estaba empezando todo esto y le pedí una reunión privada en el hotel. Luego, cuando se despidió en el aeropuerto, me dijo: “sigue en lo tuyo, nos conocemos desde el 71, quédate tranquilo que el sumario es lo mejor que puede pasar”. Pero lo filtran y eso lo permite Heraldo Muñoz, que era el canciller.
—¿Bachelet lo llamó?
—Nunca.
—Desde el punto de vista social, ¿le sigue pesando esta historia?
—Nada, ni del primer día. Cuando aparecía una noticia importante en la prensa, le decía a la Mary (su mujer): vamos al mall a enfrentar la realidad. Los comentarios de rechazo en la calle eran uno entre mil. Nunca nos han afectado.

